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domingo, 30 de janeiro de 2011

Cabaré no periodico La Republica/Montevideo

Jorge Arias |

Cabaré das donzelas inocentes. No contiene un drama, sino a la vida misma.
Cabaré das donzelas inocentes. No contiene un drama, sino a la vida misma.

Hasta el momento de escribir estas líneas, el nivel de las obras es superlativo, la organización perfecta y la cortesía de los pernambucanos digna del mayor elogio.

Cabaré das donzelas inocentes (**), de Sergio Maggio, dirección de Murillo Grossi y William Ferreira, en el Teatro Armazém, fue un ejemplo de la feliz continuidad e interacción, en una misma persona, entre crítica y arte. Sergio Maggio (Bahía, radicado en Brasilia) participó de la Mostra de Teatro Cooperativo de Sao Paulo (2009) como crítico; allí presentó su libro "Conversas con cafetinas", entrevistas a regentas de burdeles de la "ladeira" de Salvador, Bahía. El punto de vista de Maggio era imparcial y cálido: ni exhibía a las "cafetines" como seres exóticos, ni las idealizaba ni las juzgaba. Eran mujeres, cuyas aventuras, a las que llegaron desde diversos estratos sociales, no difieren esencialmente de las peripecias de sus hermanas más afortunadas. El final de "Conversas de cafetines" contenía ya un esbozo de obra de teatro que el 25 de enero fue "Cabaré das donzelas inocentes".

No hay en la pieza trama o argumento, fuera de la presentación del cabaret burdel donde Cabeluda, China, Minininha y Saiana (Adriana Lodi, Bidô Galvao, Catarina Accioly y Carmem Moretzon) esperan y esperarán en vano la llegada de un cliente. "Cabaré das donzelas inocentes" no contiene un drama, sino a la vida misma. La técnica del autor es ir colocando, con inusual delicadeza y aplicación, breves trazos y colores tenues, gestos y frases perdidas que a nada parecen conducir pero que siempre significan, breves discusiones que se extinguen pero aportan su sombra o su brillo. Capa sobre capa, Maggio obtiene un cuadro cuya realidad, inmediatamente reconocible, está iluminada a la vez por misterio y ternura.

El teatro Armazém es un depósito situado en el puerto de Recife; el colorido público en cuyos rostros podía leerse también más de una historia, llenó sus instalaciones y fue un protagonista más de un espectáculo inusual y conmovedor. Con representantes de la Sociedad de Prostitutas de Recife, la atmósfera de velada distó mucho de la que suelen brindarnos los festivales de teatro. Bullicio y animación general previos al inicio, escenas seguidas con respeto y unción, interpelaciones por parte de algunos espectadores, aplausos espontáneos e imprevisibles a telón abierto, recogimiento y lágrimas al fin.

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